Nuestra historia



El 23 de diciembre de 1963, a las diez de la mañana, Diego García Cazorla abrió por primera vez las puertas del Bahía de Palma, un bar de tapas que montó en la Plaza de la Administración Vieja, junto al ayuntamiento. Sus primeros clientes fueron el abogado Onofre Amat Pérez y Guillermo Acosta, conocido como ‘Wily’, que trabajaba haciendo el control en la emisora de Radio Juventud.

Diego García había pasado su juventud trabajando en la mar. Cuentan que fue el primer pescador de Almería que le exigió al patrón descansar los domingos en una época en la que se salía a faenar todos los días de la semana. Cuando se cansó de tanto sacrificio se fue a probar fortuna a Mallorca y a Barcelona, donde aprendió todos los secretos del mundo de la hostelería y ahorró el dinero suficiente para poder regresar a Almería y crear su propio negocio.
El Bahía de Palma fue un bar estratégico, un sitio de paso obligado para la mayoría de los funcionarios que trabajaban en el ayuntamiento. Por su barra cruzaron todos los políticos de la Transición y al calor de sus cafés y al olor de sus tapas se tejieron todos los sueños de democracia que florecieron durante aquellos años. Diego contaba, entre las muchas anécdotas que ocurrieron en el bar, que en la tarde del 23-F, cuando el intento de golpe de estado, un grupo de políticos de izquierda se refugiaron dentro del establecimiento, y allí, a puerta cerrada, siguieron a través de la radio todos los acontecimientos que se sucedieron aquella larga madrugada.
El bar gozaba de una esquina privilegiada, por donde pasaban, además de los trabajadores municipales, todos los empleados y locutores de Radio Juventud, los jóvenes que tenían que ir a la oficina de Quintas para el servicio militar, y todo ese rio de gente que a diario transitaba desde los barrios de Pescadería y la Plaza de Pavía hasta el centro.

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